lunes, 31 de agosto de 2009

Porrazo



III
Uno realmente no sabe como acertar en las decisiones en la vida, pero me parece que la gracia esta en pegarse el porrazo, romperse las rodillas, que sangre, cicatrice y se caiga la costra. Solo así concientizamos la acción. La semana siguiente al incidente del mall fue espantosa, el tipo que fue en algún momento el objeto de mi infantil deseo llamo a mi escuela y puso en alerta a las autoridades del establecimiento del inminente desvío en uno de sus pupilos. La dirección no perdió tiempo en poner en alerta al profesorado y, lamentablemente para mí, a mi madre.
Fue una semana completa en la que las reuniones entre profesores y apoderado, psicopedagogos y apoderado, dirección y apoderado hablaban de mi, por los pasillos del establecimiento pasaba mi madre llorando pensando en la posibilidad en que su único hijo no traería descendencia, en que este retoño pudo haber pasado por una experiencia espantosa, o de algún abuso de parte de un depravado (algo que nunca sucedió). Esta situación tan caótica y delirante dentro del establecimiento de avda. Los Leones me llevo a decidir no volver a incursionar con terceros la posibilidad de concretar un encuentro con una persona del mismo sexo, pero de la realidad a la imaginación había una gran distancia, mi cabeza seguía fantaseando con un varón imaginario encarnado en su rol por una almohada con calzoncillos y un calcetín, y un hermoso sueño donde en un espacio tranquilo y helado encontraba a alguien idéntico a mí que me hacia despertar con un profundo, húmedo y cálido beso en la boca.
Just.P

sábado, 29 de agosto de 2009

las preguntitas


II
Cuando uno es mas niño por lo general no mide las consecuencias de sus acciones, una pequeña pregunta, a mi parecer ingenua, provocaría una serie de sucesos desastrosos para la persona más cercana de toda mi vida.
Esta era una de esas tardes comunes y corrientes, por lo general al salir del colegio tomaba una micro hacia el poniente de Santiago que no llegaba directamente a mi casa, ya que prefería acompañar a una amiga (la única persona del sexo femenino que yo veía con otros ojos después de verla interpretar a una bella mujer de la vida en una obra escolar), esta micro me dejaba encaminado a mi casa, pero mi costumbre era pasar al centro comercial a “vitrinear” un rato antes de continuar el camino a mi casa.
Entendamos que “vitrinear” no tenía nada que ver con pasear de tienda en tienda mirando escaparates y probarse ropa, el paseo comenzaba en el “food court” con una bebida o un helado de máquina, o cualquier cosa que me provocara el orinar compulsivamente. Luego seguía el paso hacia el baño de varones y ahí empezaba la situación. De una fila de doce urinarios yo ocupaba el número seis donde podía ver quienes llegaban alrededor, ver disimuladamente hacia el lado y maquinar historias en mi cabeza pre adolecente hasta que terminaba de orinar, entonces era el momento de volver al patio de comidas para pedir otra bebida grande en McDonald’s.
Tuve que esperar un rato antes de que volviera a tener ganas de orinar, no tenia apuro en llegas a mi casa ya que mi madre se encontraba en el trabajo, así que nadie me esperaba, fui a darme una vuelta al cine para ver los afiches de los próximos estrenos cuando lo vi pasar, lo seguí hasta el baño de hombres, el se acerco a los urinarios y yo me posicione dos urinarios mas a la derecha. Lo observe y le costaba orinar, yo tampoco tenía ganas, la bebida aun no bajaba. A mi lado llego un caballero de edad que tenía un evidente problema de incontinencia, en mi distracción el chico al cual seguía se retiraba sin poder haber visto nada. Sin pensarlo dos veces salí detrás de él casi corriendo.
El camino firme y decidido hacia una tienda de ropa interior, yo me quede afuera y al salió con una bolsa, derecho, sin mirar al lado, sin darse cuenta que un niño le hacía de sombra, y siguió su curso hacia la salida del Mall. En esos años era bien distinto a como es hoy, hoy el mal llega hasta pajaritos y antes esa esquina era un terreno baldío que lo único que crecía en el era maleza, la hierba torcida que tenía en mi cabeza que me llevo a detenerlo a medio camino, tomarle la mano y decirle que me gustaba, que me gustaban sus ojos, su rostro su cuerpo y su entrepiernas y el tomo mi mano y la posó ahí, se inclino hacia mi cara y me beso en la boca… bueno, no ocurrió exactamente así, la verdad es que cuando lo detuve me puse tan nervioso que me dieron ganas de orinar, claro la bebida ya había bajado, tartamudeando le dije que me gustaba y él me agarro de una oreja y me pregunto que quien me creía, que qué edad tenia y que si acaso esperaba que me llevara al peladero a violarme, me quito la mochila y saco mi libreta de comunicaciones, yo imbécilmente traté de excusarme diciendo que estaba haciendo una investigación en el colegio viendo como reaccionaban los adultos frente a esas insinuaciones, me dijo que no fuera huevón, tomo nota del número de teléfono de colegio, tiro la libreta al suelo y se fue.
Lo único que atine a hacer fue recoger mi libreta y guardarla en mi mochila. Me había meado del susto. Literalmente.
Just.P

viernes, 28 de agosto de 2009

El Comienzo


Nunca me he cuestionado nada en la vida, bueno casi nada… pero por lo demás muchas de las cosas que pasaban frente a mis ojos nunca fueron evaluadas, nunca catalogadas ni de buenas ni de malas, por ejemplo me auto convencía de que el tocarse entre los compañeros de curso era un juego sumamente normal sin ninguna connotación sexual, uno de ellos me quito cien pesos, destinados a la insalubre delicia que conocíamos como fonzies, y se sentó dejándolos entre sus piernas, bajo su sexo. Me desafío a sacarlos, y como el desafío era saber quien tenía mas testosterona no dude en recuperar tan preciada moneda.


Otra de las cosas que eran recurrentes, con una persona en particular, era reconocer la pubertad que se avecinaba sobre los infantiles cuerpos, la aparición de vello, las erecciones, la posibilidad de eyacular (aunque debo reconocer que la primera vez que me fui me asuste) nos poníamos a prueba mutuamente cada vez que terminábamos solos en alguna de nuestras casas, luego termino la básica y ya nunca más repetimos esos juegos, ni nos quedamos solos en una casa, ni nos volvimos a hablar, ni nos volvimos a ver hasta hace poco donde claramente los rumbos de nuestras vidas habían tomado colores distintos.


Just.p.