sábado, 29 de agosto de 2009

las preguntitas


II
Cuando uno es mas niño por lo general no mide las consecuencias de sus acciones, una pequeña pregunta, a mi parecer ingenua, provocaría una serie de sucesos desastrosos para la persona más cercana de toda mi vida.
Esta era una de esas tardes comunes y corrientes, por lo general al salir del colegio tomaba una micro hacia el poniente de Santiago que no llegaba directamente a mi casa, ya que prefería acompañar a una amiga (la única persona del sexo femenino que yo veía con otros ojos después de verla interpretar a una bella mujer de la vida en una obra escolar), esta micro me dejaba encaminado a mi casa, pero mi costumbre era pasar al centro comercial a “vitrinear” un rato antes de continuar el camino a mi casa.
Entendamos que “vitrinear” no tenía nada que ver con pasear de tienda en tienda mirando escaparates y probarse ropa, el paseo comenzaba en el “food court” con una bebida o un helado de máquina, o cualquier cosa que me provocara el orinar compulsivamente. Luego seguía el paso hacia el baño de varones y ahí empezaba la situación. De una fila de doce urinarios yo ocupaba el número seis donde podía ver quienes llegaban alrededor, ver disimuladamente hacia el lado y maquinar historias en mi cabeza pre adolecente hasta que terminaba de orinar, entonces era el momento de volver al patio de comidas para pedir otra bebida grande en McDonald’s.
Tuve que esperar un rato antes de que volviera a tener ganas de orinar, no tenia apuro en llegas a mi casa ya que mi madre se encontraba en el trabajo, así que nadie me esperaba, fui a darme una vuelta al cine para ver los afiches de los próximos estrenos cuando lo vi pasar, lo seguí hasta el baño de hombres, el se acerco a los urinarios y yo me posicione dos urinarios mas a la derecha. Lo observe y le costaba orinar, yo tampoco tenía ganas, la bebida aun no bajaba. A mi lado llego un caballero de edad que tenía un evidente problema de incontinencia, en mi distracción el chico al cual seguía se retiraba sin poder haber visto nada. Sin pensarlo dos veces salí detrás de él casi corriendo.
El camino firme y decidido hacia una tienda de ropa interior, yo me quede afuera y al salió con una bolsa, derecho, sin mirar al lado, sin darse cuenta que un niño le hacía de sombra, y siguió su curso hacia la salida del Mall. En esos años era bien distinto a como es hoy, hoy el mal llega hasta pajaritos y antes esa esquina era un terreno baldío que lo único que crecía en el era maleza, la hierba torcida que tenía en mi cabeza que me llevo a detenerlo a medio camino, tomarle la mano y decirle que me gustaba, que me gustaban sus ojos, su rostro su cuerpo y su entrepiernas y el tomo mi mano y la posó ahí, se inclino hacia mi cara y me beso en la boca… bueno, no ocurrió exactamente así, la verdad es que cuando lo detuve me puse tan nervioso que me dieron ganas de orinar, claro la bebida ya había bajado, tartamudeando le dije que me gustaba y él me agarro de una oreja y me pregunto que quien me creía, que qué edad tenia y que si acaso esperaba que me llevara al peladero a violarme, me quito la mochila y saco mi libreta de comunicaciones, yo imbécilmente traté de excusarme diciendo que estaba haciendo una investigación en el colegio viendo como reaccionaban los adultos frente a esas insinuaciones, me dijo que no fuera huevón, tomo nota del número de teléfono de colegio, tiro la libreta al suelo y se fue.
Lo único que atine a hacer fue recoger mi libreta y guardarla en mi mochila. Me había meado del susto. Literalmente.
Just.P

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